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Historias de Entre Rios
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  Libro I
Capítulo 7
Moctezuma

 

El emperador Ahuizolt murió en 1503 y fue sucedido por Moctezuma, segundo monarca azteca del mismo nombre. El nuevo emperador, tenía la gran ventaja de saber predecir el futuro y la gran desventaja de no saber cómo enfrentarlo. Era un devoto adorador de Huitzilopochtli y temía a los dioses, pero hacia las fuerzas meramente humanas tenía una inflexible autoseguridad. Era tan valiente y realista como sus duros predecesores que habían construído el imperio desde la nada. En la región había cientos de tribus, razas y reinos. Solamente en el valle de México, a las orillas del enorme lago vivían un millón de personas. No eran una sola civilización.

La diversidad de esos pueblos era impresionante. Los aztecas, dominanban a todos los habitantes de la región, pero todavía no los habían unificado en un solo pueblo, una sola nación, una sola raza. México era solamente un pequeño valle en la inmensa región y los aztecas una pequeña minoría en ese valle con un millón de habitantes.

El imperio Azteca era poco menos que un milagro. Es imposible entender a la historia de los aztecas sin conocer sus valores, que eran muy distintos de los europeos. Las bases filosóficas, científicas y religiosas provocaban resultados humanos totalmente diferentes de la civilización griega y cristiana. En compración tenían una estética superlativa y una moral cuestionable. La sociedad estaba muy por encima del ser humano individual. Habían conseguido un desarrollo increíble y diferente. No tuvieron tiempo de demostrar hasta dónde habrían llegado. Al conectarse todo el mundo simultáneamente, la civilización que había evolucionado más rápido se impondría sobre todas las demás.

Los aztecas dominaban el increíble arte de la adivinación. Esta habilidad nunca fue comprendida por los eropeos que, a pesar de las evidencias, siempre la consideraron como una simple superstición. Cuando todavía vivían en el Aztlán, al norte de este valle, los aztecas tuvieron una visión. Su destino era formar un imperio y por eso debían emigrar hasta encontrar un águila sobre un nopal devorando una serpiente. La encontraron en uno de los lugares más inóspitos del valle de México: una pequeña isla en el centro del lago.

El cambio de habitat fue muy desfavorable, pero lo aceptaron. Tuvieron que comer insectos y raíces. Necesitaban una fuente de ingresos. Como eran excelentes guerreros, se convirtieron en mercenarios que vendían sus servicios a los demás monarcas. No les faltó trabajo y su fama se incrementó al igual que sus ingresos. De ser el pueblo más pobre del valle, se convirtieron en el más rico. Cuando decidieron hacer la guerra para sí mismos, dominaron a todos y formaron el imperio. Les fue anunciado que su imperio terminaría con el regreso de Quetzalcóatl, un hombre barbado, de tez blanca que vendría desde el Oriente. Ningún esfuerzo humano podría evitarlo. Lo sabían.

Saber lo que iba a pasar era muy diferente a saber por qué. Moctezuma se equivocaba al creer que la razón su apocalipsis era la "voluntad de los dioses" y que quizás él los podía hacer cambiar de opinión. Era terco y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para ganarse el favor de los dioses, pero nunca actuaría en contra de sus voluntades aunque eso le costara el imperio. No quería aceptar que era una realidad inevitable y que él solamente tenía el privilegio de conocerla con anticipación. El era el emperador y debía hacer algo: complacer a los dioses para que cambien el destino. Estaban convencidos que a sus dioses les agradaban los sacrificios humanos. Los practicaban hasta para modificar el régimen de las lluvias.

Al otro lado del Atlántico, el oro y la plata eran la moneda de intercambio de bienes y servicios. Los aztecas en cambio, usaban con el mismo fin a las semillas de cacao. El oro y la plata eran material para los adornos, como las plumas de quetzal. No eran riqueza y poder en sí mismos. Moctezuma no sabía que las minas de oro y plata de su imperio eran las más ricas del mundo. Por eso sus días estaban contados.

 

Las minas de oro y plata eropeas eran muy pobres en la concentración del mineral, de muy difícil acceso y la mano de obra muy cara. El clásico ejemplo eran las minas de Bohemia. Al tiempo que Colón descubría América, los checos vivían uno de sus escasos períodos de paz, sin guerras civiles ni invasiones extranjeras. A sesenta kilómetros al Este de Praga, explotaban sus minas de Kutná Hora (Kutná=mina; Hora=montaña). Acuñaban las monedas que circulaban por toda europa. La palabra "moneda", en checo se dice "dolar". El que tenía muchos dólares era rico y poderoso, por eso la mayoría de la gente era capaz hasta de matar a su madre por ellos. El tiempo pasa y la historia humana sigue siendo siempre la misma historia.

Los adivinos no podían explicarle a Moctezuma que los españoles tropezarían accidentalmente con este continente en su camino hacia la India. No podía imaginarse que sería un estorbo y los misteriosos extranjero sólo tratarían de encontrar la forma de llegar al otro océano. Los europeos en general, no estarían interesados en conquistar ni poblar ninguna parte de América. Sólo recorrerían sus costas y hubieran seguido así por muchísimo tiempo.

Moctezuma sabía lo que pasaría y trababa de evitarlo. Todo lo hizo mal. Aumentó excesivamente los sacrificios humanos para conformar a los dioses y pedirles que no permitan el final de su imperio. Se ganó así la antipatía de todos sus vecinos. Los adivinos no le dijeron que el primero en llegar sería un aventurero desconocido en su propio país y hasta por su propio monarca. En vez de matarlos a todos, los tató de sobornar, con lo que despertó ambiciones desmedidas en aquellos extranjeros.

Todo lo que hizo Moctezuma, fue arruinar las posibilidades de sobrevivencia de las civilizaciones americanas. Con mas tiempo hubiera conocido a los invasores. Hubiera sabido que no eran seres sobrenaturales y que tenían notables desventajas al compararlos con la fortaleza de su propio imperio. Los salvajes indígenas del Sur y del Norte estaban a salvo y la civilización del imperio Azteca hubiera sido una simple curiosidad, demasiado fuertes y poderosos para ser conquistarlos con un ejército ultamarino. Poco a poco los nativos americanos hubieran adquirido armas, caballos y la técnica guerrera de los europeos. A la larga, no hubieran sido un bocadillo fácil y otra hubiera sido la historia del continente. Sin embargo, el destino estaba sellado. Los españoles no lo sabían, pero estaban a punto de sacarse el premio mayor de la lotería.

Tenochtitlan En la isla del valle de México los aztecas construyeron Tenochtitlan, una de las ciudades más bellas del mundo. También era una de las más grandes de su época, con cien mil habitantes permanentes. Madrid por por ese entonces tenía menos de quince mil. Los aztecas construyeron varias calzadas, que conectaban la isla con las principales ciudades de la costa: Texcoco, Tacuba, Coyoacan e Ixtapalapa. Blancas torres se elevaban a orillas del agua. Los palacios, mercados, templos y pirámides albergaban el centro político, comercial y religioso del imperio. Las casas de piedra se adornaban con delicados trabajos en madera de cedro, llenas de orquídeas, jardines de rosas y estanques con peces. Desde Ixtapalapa se extendía una calzada sólida hacia el Este y despues hacia el Norte, a través del lago Texcoco. Al final de la calzada, a ocho kilómetros de distancia podían verse las pirámides de Tenochtitlan. En Xoloc, la calzada de Ixtacalapa se encontraba con la de Coyoacan. Las ciudades de la costa, bellísimas en toda su extensión no podían igualar la grandeza y esplendor de Tenochtitlan.

Cometa Extraños acontecimientos ocurrieron con inusitada frecuencia. Sobre el Anáhuac apareció un cometa de tres cabezas que alumbró durante cuarenta noches con su gran luz visible hacia el Este. Las torres del templo de Huitzilopochtli se incendiaron misteriosamente. Otro templo fue alcanzado por un rayo. Tenochtitlan se inundó a causa de un súbito desbordamiento del lago Texcoco. Un ejército azteca fue destruído por árboles y rocas que caían en una provincia distante. El anciano Netzahualpilli, cacique de Texcoco, declaró a los aztecas que sólo podían esperar el cumplimiento de su destino. Moctezuma estaba desesperado. Convencido que sólo el favor de los dioses podía salvar a los aztecas, ordenó que una nueva piedra sacramental procedente de las canteras de Coyoacan, fuera llevada a Tenochtitlan para honrar a los dioses con la sangre de miles de víctimas.

Los ejércitos aztecas fueron enviados en todas direcciones a conseguir cantidades sin precedentes de prisioneros. En un solo día sacrificaron diez mil. Se ordenó que el templo de Huitzilopochtli se cubriera de joyas desde la base hasta la cúspide para halagarlo. Moctezuma ordenó que expulsaran de la corte a todos los plebeyos. Se rodeó solamente de los nobles que consideraba dignos. Aumentó el impuesto a los comerciantes. Demandó mayores tributos de las tribus conquistadas. Dirigentes expertos querían advertirle a Moctezuma que todas estas medidas debilitarían el imperio, pero cuando el tesorero le argumentó que los contribuyentes ya estaban al límite con tantos impuestos, Moctezuma lo condenó a morir.

Los pueblos sometidos, oprimidos por una tiranía sin precedentes, esperaban la oportunidad para liberarse. El regreso de Quetzalcóatl era una amenaza para los aztecas y una promesa de salvación para el resto de los mexicas.

Cuando Netzahualpilli murió dejando varios hijos, Moctezuma ordenó que lo sucediera Cacama. Otro de los hijos, Ixtlilxochtil, organizó una rebelión y se apoderó de la mitad del territorio de Texcoco. Los aztecas suprimieron la rebelión y lo quemaron vivo. Esta guerra aún estaba en su apogeo, cuando llegaron mensajeros procedentes de la costa con la noticia que Moctezuma tanto había temido: los emisarios de Quetzalcóatl habían llegado a Tabasco.

 

 

 

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